martes, 12 de mayo de 2009

Have a nice day


La verdad es que en estos 2 años y medio me ha dado mucho que pensar esta frase… quizás debido a la numerosa cantidad de veces que puedo haber llegado a repetirla en un mismo día.


En el fondo el tema de la buena atención se convierte en un doble efecto boomerang, ya que cada vez que vas a un sitio y el dependiente te mira con cara de asco, como si tu presencia le fuera un estorbo y encima te estuviera haciendo un favor por dirigirte la palabra y perdonándote la vida por atenderte, te hace replantear tu propia forma de relacionarte con el público y con la raza humana en general.


El servicio legendario. Conectar, descubrir y responder.
El poder de una simple sonrisa, la capacidad de cambiarle el día a alguien por tener una buena palabra, un gesto agradable, ¿será eso realmente posible? A veces las personas necesitamos desconectar tanto de nuestros problemas que un simple desconocido puede hacer virar nuestro humor de manera inesperada.
Quizás esta secta me haya lavado el cerebro, pero la verdad es que tras mostrar los dientes unas 200 veces en un mismo día, al final te es inevitable dejarla fija de forma natural. Es una lástima que a veces no sepamos mantenerla.
También me ha hecho reflexionar sobre la mala educación general, parece que el “gracias” y “por favor” asimismo están en crisis y escasean diariamente, (ni que nombrar a los menores de 20 que probablemente todavía no han incluido esas palabras en su vocabulario). La gente exige, escupe sus palabras y les cuesta agradecer un buen servicio. No saludan, no se despiden y están predispuestos a quejarse si no encuentran cada cosa como esperaban encontrarla.
Me hace gracia que los de arriba nos traten como superhéroes cuya misión planetaria es conseguir la absoluta confortabilidad y crear una estupenda experiencia de cada persona en su paso por la tienda. ¡Deberían cambiarnos la capa por un delantal!
Es como todo, por todos aquellos que vuelven y que devuelven la sonrisa, el agradecimiento y tienen una buena palabra cada día, merece la pena seguir enseñando los dientes y conocer gente nueva.


No puedo calcular cuantas horas habré pasado tras esa barra, pero a pesar de las piernas cansadas, los malos horarios, las horas de sueño perdidas, he de reconocer que esa barra me ha visto cantar, bailar, rociarme de nata y untarme de chocolate, vestirme de fallera, celebrar una boda con velo de papel, tener un duelo de vaqueros con productos de limpieza y hacer batallas con pepitas de chocolate.
Mirándolo así, es normal que este lugar enganche… :)


Que tengas un buen día!


lunes, 11 de mayo de 2009

La petite mort

Ya que últimamente he intentado controlarme con uno de mis mayores vicios (comer bien, y más aun el chocolate...) he decidido pararme unos segundos para dedicarle unas palabras al segundo, pero no por ello menos importante.


Mi concepción de las relaciones está cambiando (estaré madurando???), no sé si tendrá que ver con el hecho de estar a punto de cruzal el umbral que camina más cerca de la treintena, pero cada vez aprendo a disfrutar más de las pequeñas cosas, de los pequeños momentos y las grandes compañías.


El cortejo se vuelve más casual y más exigente a nivel de originilidad y por supuesto, credibilidad. No entiendo por qué a las mujeres nos encanta calentar tanto a nuestra víctima para luego no llegar a ningún puerto... o todo o nada, ya esta bien de juegos si nunca va a acabar la partida.


Yo he guardado mis dado por un tiempo, no tengo ganas de arriesgarme y mucho menos de buscar contrincantes para comenzar a jugar. Quizás alguien me sorprenda y se meta en mi casilla de forma inesperada... depende de como me encuentre y se la juegue, quizás le deje que me coma la ficha...


La soledad íntima creo que es uno de los mayores placeres del universo.


Cada día disfruto más de esos momentos, de explorar, sentir y sobre todo imaginar... Que gran poder tiene la mente! es el mayor entretenimiento que ha podido crear el ser humano, que se quite la televisión frente a una buena historia en tu cabeza, si te concentras bien casi la puedes tocar............ Si alguien se pudiera meter en mi cabeza por un instante, creo que sería capaz de hacerme sentir el mayor orgasmo de mi vida.


Esto no quiere decir que no me guste trabajar en equipo, todo lo contrario, pero si no consiguen erizarte lo suficiente el vello, acelerarte bastante el corazón, deshacerte en suspiros y e iniciar un terremoto en las piernas... se convierte en algo previsible y le roba la magia, el encanto del juego.


El sexo como palabra no existe, el sexo lo creo cada persona que se cruza en tu camino, que comparte, que lo crea y lo moldea contigo...


Tengo ganas de jugar con barro a lo Ghost a ver que figurita nos sale... ;)


domingo, 10 de mayo de 2009

IRA

Cuenta la leyenda que en tiempos de guerra y conflictos religiosos entre moros y cristianos, la hija pequeña de Ahmed llamada Ira, se enamoró de un joven y luchador cristiano, jurándose amor eterno cada noche, en lo alto del cabo bajo los ojos intensos de la luna y la luz tenue de las estrellas que les guardaban el secreto.
Agudizada la guerra, y no pudiendo vivir tal amor por más tiempo escondidos, el joven pidió en matrimonio a la pequeña Ira, proponiéndole encontrarse allí mismo al atardecer, bajo la mirada de todos las luces tintineantes y sobre el inmenso mar que había conocido su tan profunda historia de amor.
Teniendo todo preparado, explicó el joven que ella aguardara tras la torre escondida, que él conseguiría sortear los ejércitos y reunirse con ella al esconderse el sol.



Llegó la noche, y la preciosa ira, aguardaba con su deslumbrante vestido, reluciente, la más hermosa mora que jamás nadie habría visto, nerviosa pero ansiosa por poder escapar de tal lugar para vivir su amor en libertad.
El joven comenzó a subir, a escondidas, despacio, intentando no ser visto por ningún soldado, mientras la pequeña Ira se iba impacientando al ir entrando la noche y no encontrarlo.
Un ruido, unos pasos. Ira sobresaltada piensa que su amor ya ha llegado. Cuál es su desdicha al ver que es su fiel doncella, que aparece exhausta para confesarle que su temido padre es conocedor de su secreto y ha mandado matar a su amante, aumentando la guardia, inclusive en la torre de vigía que se erguía sobre el cabo.
Ira, asustada, mandó a su doncella a la torre para distraer al vigía, y corrió a buscar a su amado para advertirle del peligro que estaban corriendo.



Cual fue su mala fortuna que, al divisarlo y con tan ansia de desear abrazarlo, tropezó cayendo al suelo y formando un gran estruendo en la calmada noche. Cuando consiguió estabilizarse, fue a levantar la cabeza al tiempo que escucho un disparo en la densa oscuridad. Oyó su voz, en un quejido, y el silencio reinó de nuevo la noche.
Sus nervios se tornaron en histeria, su amor en rabia, su tristeza en dolor y su sonrisa en lágrimas.
No lo dudó ni un momento, corrió hacia la cima, y allí, frente a los ojos de su doncella, del centinela, de la luna y las estrellas, saltó sin miedo, jurando su amor eterno, mientras el mar abría sus brazos para acogerla en un eterno abrazo que calmó al fin su llanto.
Desde entonces la punta del cabo recibe el nombre de “El salto de la novia” y el pueblo se bautizó con su nombre honrando a dicha mora. Moraira.






Nosotras no somos Moras, ni vamos a saltar de un lugar que tenga más de 0.5m de altura… pero disfrutamos de sus vistas, su mar, su sol, sus noches, y nos encanta encontrarla cada vez tan llena de vida, regalándonos sus parajes y sus momentos, abrazándonos con ternura y compartiendo su brisa con nosotras.

En fín… una imagen vale más que mil palabras… aquí dejo la nuestra.



Y, para fundar definitivamente un nuevo estilo urbano,
proclamo el inicio de los gothic-hoter-spanish culture.
Aquí dejo mi banda sonora…no tiene pérdida... jajajaja.

viernes, 3 de abril de 2009

RAG DOLL

Yo tenía una muñeca.
Para mí era la más bonita y perfecta del mundo. Era diferente, lo que la hacía más complicada, pero a la vez más especial.
Tenía una mirada brillante y unos largos brazos entre los que poder cobijarme para que se me pasaran todos los males, sabía hacerme reír, y con ella podía jugar a un millón de cosas.
Y a mi me hacía sentir especial, porque, nadie, al menos que yo conociera, había conservado durante tantos años a su muñeca preferida. Yo, en cambio, cada vez que alguien intentaba regalarme un juguete nuevo, lo rechazaba sin dudarlo, puesto que el hecho de tenerla tanto tiempo y haber compartido tantos momentos con ella, me hacía sentir importante y la convertía en algo irremplazable.
Era complicada, porque, a diferencia del resto de muñecos, no era inanimada, y podía actuar a su voluntad cuando lo deseara. Y aunque a veces eso pusiera las cosas más difíciles hacía que ambas pudiéramos cuidarnos y sernos fieles y respetuosas dentro de nuestra extraña relación.
A veces la tenía un tiempo olvidada en el rincón de mi habitación, pero siempre estaba ahí, cuando por las noches, quería contarle como me sentía y todo lo que me podía haber pasado. Al igual que ella, también sabía llamar mi atención cuando me necesitaba a su lado.



De repente mi muñeca empezó a cambiar. Se volvió exigente y celosa conmigo, yo pensaba que era porque no quería que yo jugara con nadie más, aunque en realidad era ella, la que quería irse a jugar con otras personas.
Aunque no compartía muchas de sus opiniones, intenté serle fiel y no dejarla para jugar con otros juguetes. Seguí sus pautas y sus palabras, todo lo que ella me pedía y predicaba.



Mi sorpresa fue cuando un día abrí la puerta de mi habitación y ella ya no estaba allí. Había cogido mis juegos y se había marchado. Todo aquello que me había pedido semanas atrás, lo metió en un arcón y lo cerró bajo llave. Se marchó de la misma manera que me había pedido que yo no me marchara. Me dejó su silencio, las noches vacías, el aire denso donde flotaban mis palabras que ya nadie escuchaba, el dolor punzante en el estómago y una sigilosa lluvia que manaba tímida por mis mejillas.
Me sentí engañada y dolida, por saber que había utilizado sus palabras para alejarme de ella y de los demás; y decepcionada, por pensar que yo era lo suficientemente importante como para que no pasara sobre mi cabeza para conseguir sus fines.



Ahora no sé donde está. No comprendo cómo ha podido cambiar tanto, no entiendo sus actos, no los comparto. Le miro a los ojos y no veo a la misma muñeca que con la que compartí tantos años. Ella no era así, nunca hubiera hecho tales cosas, no de esos modos.



Te regalo todos mis juguetes. Yo no los quiero, nunca los quise, o al menos no de la misma manera que tú. Nunca quise competir contigo, nunca entré en la batalla, pero te empeñaste en derrotarme y ganar de cualquier modo. Espero que seas feliz, y que juegue contigo como yo lo hacía. Que te haga sentir tan especial como para mí lo eras, que no te abandone, que no te engañe, que no te cambie por otra. Que mi desengaño no haya sido en vano, que te haya merecido la pena.
A mi me han hecho crecer de golpe, y ya no me dejan jugar con muñecas.



Te dejo una canción. Mi canción. Otra vez.
Ya sabes cual.



Ojalá puedas escucharla desde el rincón de su habitación.

domingo, 29 de marzo de 2009

El as de picas

Hoy me siento nostálgica, triste.
Como si se hubieran derrumbado los pilares que me sostenían.
Echo de menos tántas cosas de mi vida… algunas lejanas y otras, pequeñas cosas que hasta hace poco eran cotidianas y se han esfumado con la rapidez que se expulsa el humo de un cigarro alejándose de los labios.
Desprotegida. La unidad que me envolvía se ha ido quebrando poco a poco con los años, como un pequeño puzzle del que han ido perdiendo las piezas, y ahora cuesta ver el dibujo que formaban todas juntas. Añoro la vida que se revestía de voces, caras y risas. Las comidas abundantes, más en personas que en otras cosas; las conversaciones, las discusiones, el tener siempre a alguien a mano, compartir espacios, momentos… la sensación constante de los brazos que te arropan a distancia, los lazos fuertes que jamás pensé que nadie podía deshacer, dejando caer todo lo que ataban… la aparente despreocupación ha avanzado como una niebla espesa, y cada cual ha cogido su pieza del puzzle y la ha guardado en su bolsillo, a buen recaudo, pensando que de ese modo estará protegida… No se dan cuenta de que si nos las juntas todas, no sirve de nada, como si no existieran.
Vacía. Me bajé del tren en el que viajaba mi ilusión y ahora no sé en que lugar se encuentra. Antes me emocionaba con las pequeñas cosas, me ilusionaba, disfrutaba de los momentos, de las compañías, de las sensaciones. Ahora la apatía se ha apoderado de mí, y nada es lo suficientemente bueno como para ser aceptable.
Sola. Sin los lazos que me sujetaban se abre un gran vació extraño en el que no me atrevo a penetrar. Me vuelvo incoherente, como un ión negativo que busca la carga opuesta pero a la vez la repele.
Atestada de recuerdos, imágenes, palabras… intentado retenerlos de manera ingenua como quien intenta asir entre sus manos el reflejo de su imagen en el agua.
Siempre han estado ahí, en un incesante tío-vivo en mi cabeza, haciéndome sentir mayor a ratos, y muy pequeña en otros… Quizás por eso busque cobijo en otros brazos, a lo mejor por eso le di tanta importancia a la unidad en otros círculos, otorgándoles incluso prioridad, anteponiéndolo ante todo.
Reclamo de caricias, de abrazos, de miradas... que han huído buscando otros cuerpos en los que refugiarse. Si existiera un puesto donde comprarlos vaciaría mis bolsillos en este mismo instante. Así no sentiría tanto frío cada noche.

Parece que estamos en época de movimientos sísmicos, y las relaciones se desmenuzan al antojo de quien exhala un soplido sobre una pirámide de naipes. Si el suelo se quiebra del todo, me pregunto si quedará alguien en mi mismo lado…



viernes, 27 de marzo de 2009

Espejito, espejito mágico...

Un día extraño.

Un bonito amenecer, acogedor, como de otro tiempo. Como si una máquina me hubiera transportado a unos días en lo que todo parecía más sencillo y no se veían los cuchillos vatiendo sus alas por encima de nuestras cabezas...

Una mañana de ocio, agradable, con inexistentes preocupaciones, al menos aparentes... Comida familiar (con un pequeño contratiempo...) y jornada laboral, breve pero intensa.

Me siento agotada, como si el día tuviera más de 24 horas, y alguien hubiera estado jugando con todos los músculos de mi cuerpo.

Hoy estoy melancólica, que no triste. Los sentimientos, y la vida en general, pasa ante mis ojos como el tren de la bruja, dándo vueltas y vueltas, con sus momentos de claros y de oscuridad, y con algún que otro garrotazo en la cabeza.

Una canción. Que mejor que nada en este momento puede describir como me siento. Es como un espejo, en cada palabra, en cada nota, en cada grito me siento reflejada, como si fuera mi voz la que intenta desahogarse; como si pudiera flotar al escuchar su melodía...

lunes, 23 de marzo de 2009

La aguja de mi rueca

A veces hay sentimientos que no logro entender, así que puedo pasarme días enteros dándole vueltas a la cabeza hasta que consigo descifrarlo, para poder así, solucionarlos o superarlos.


Últimamente he tenido una regresión a sentimientos que no recordaba, porque fueron vividos hace mucho tiempo. En él me venía el olor a los cipreses, la tierra mojada, la piedra fría, la mirada de una pequeña virgen helada, las pisadas y el griterío de cientos de niños y niñas revestidos de color marino.


La ingenuidad de la infancia puede llegar a ser cruel.


Pensé entonces en las referencias infantiles, y con ellas en Maléfica, la eterna malvada juzgada bajo la mirada de todos. Sinietra, rencorosa y vengativa. Pero... cómo te hubieras sentido tú si fueras la única persona no invitada a una fiesta? escuchando las risas, la música, e incluso tu ausencia, que no deja rastro, que si quiera es advertida por nadie.


Yo no voy a clavar agujas, ni lanzar maldiciones. No quiero que nadie duerma cien años. No esperando un príncipe azul o una princesa morada.


Quiero estar en la fiesta, quiero notar el calor, la luz, el color. Volver a sentirme arropada, aceptada, querida...


Me pregunto si los anfitriones se habrán parado a pensar lo que pueden hacer llegar sentir a aquellos que han decidido eliminar de su lista de invitados, al privarles de repente y sin explicación alguna, de todo lo que formaban parte. Dejándolos sólos, mirando desde la ventana, en silencio, cada instante que pasó de lo vital y cotidiano, al otro lado del cristal.


Yo no voy a afilar tu rueca.


Ya me pincharé yo con ella. Quizás así consiga dormir 100 años...

Love Box


Aqui estoy de nuevo, tras un gran paréntesis de comunicación ciberespacial...

Me prometí a mí misma que iba a intentar ser más optimista en mis entradas, puesto que veo que en ellas se puede vislumbrar un ápice de tristeza, melancolía,... que irían muy bien con el rollito oscuro y todo eso, pero que, pensándolo bien, no tanto con mi actitud diaria, o sí que soy una persona pesimista?... espero que no. Siempre he querido pensar que soy una persona vivaracha y alegre, que intenta no dar importancia a las cosas que no la tienen, sonreir, hablar (sobre todo hablar...) e intentar ser cariñosa y hacer llegar a la gente que quiero lo que siento por ellos...

Pues hoy no va a ser uno de esos días. Quizás es que, cuando me siento frente al ordenador es mi únimo momento de poder expresar de alguna forma cómo me siento, en mi más oscuro interior... cosas que incluso, no quiero que nadie sepa, pero que de alguna manera necesito extrapolar de mi, vomitarlas para poder descifrarlas y deshacerme de ellas.

Hoy desearía arrancarme el corazón. Extirparlo de mi pecho, y repartirlo en trocitos pequeños entre todas las personas que estimo. Regalarlo y desprenderme de él, y que cada uno haga lo que más desee. Que lo cuiden, lo guarden, lo pisoteen, lo tiren... No importa, ya no formará parte de mi, ya no sentiré nada, tan sólo lo que cada uno quiera sentir con el pedacito que se haya quedado, y que lo valore como considere oportuno.

También podría guardarlo bajo llave y, como diría todo el mundo, esperar a que llegue la persona adecuada para abrirlo. Puede ser. No tengo cerrojo por dentro. No voy a esconderme. Pero sí quiero acurrucarme entre las telarañas, encogida, pequeñita, hasta que alguien decida girar la llave en la cerradura. Sólo espero que si algún día ocurre, ese alguien lo cuide, lo guarde. Alguien que no lo haga más pequeño, que no lo desprecie. Alguien por quien merezca la pena volver a escuchar el pum, pum, pum, como lo hacía hace un tiempo.

domingo, 1 de marzo de 2009


Había una vez una niña tonta.

Era menuda y poco agraciada, y no tenía demasiadas luces.

Cada noche, cruzaba el frondoso bosque que la separaba de su casa, a oscuras, retando a las criaturas que habitaban en la penumbra y, a escondidas de sus padres, saltaba desde la ventana, descalza y en camisón.

Bajo sus plantas sentía la tierra húmeda, y el aire frío de la noche que atravesaba el fino lino blanco y le hacía sentir una sinfonía de escalofríos inacabada.

Andaba sin miedo, sin importarle nada. Tan sólo llegar al agua y esperar... esperar hasta que apareciera él.

Pequeño, verde, con una mirada penetrante y desafiante.

Se postraba en sus manos y le hacía sentir calor. Le daba la seguridad suficiente como para creer que no estaba sola en ese inmenso bosque y ya nada malo podía ocurrirle.

Como buen proyecto de princesa, arrimaba sus tímidos y cálidos labios hacia su piel rugosa y húmeda.

Y siempre encontraba el mismo rechazo...

Tú no eres una princesa, ni lo serás nunca. No voy a ser tu príncipe, no quiero sentir tus labios, ni tocar tu piel, ni abrazarte cada noche mientras duermes. No te quiero.

Pero como os digo, esta niña era tonta y tenía pocas luces, y cada noche, volvía a escaparse, atravesaba el bosque en la oscuridad y esperaba junto a la charca paciente...

Esperando el día que nunca llegó.

jueves, 26 de febrero de 2009

Tacones de aguja - Escaleras de vértigo


Un chirrido. La puerta se abre. Esta vez se me olvida cerrarla.

Tú me diste la llave. Yo me acerqué a mirar por la mirilla.

Nunca pensé que sería capaz de cruzar el umbral, nunca me creí realmente capaz de hacerlo.

Podía perder tantas cosas... podía perderla para siempre, quizás ya la he perdido. Como mi razón, que me acompaña a ratos, como una sombra que aparece al sol y vuelve a esconderse al llegar la oscuridad. Quizás necesite una lámpara de aceite que tinte el aire de un turbio resplandor para que me guíe como ella lo hacía.

Comencé a andar. Quizás fueron los tacones los que me hicieron tropezar tantas veces, o tal vez fue tu mirada, que me hirió más profundo que las agujas que yo me clavaba...

Tú me diste la llave. Yo empecé a ascender poco a poco por los peldaños, intentando aguantar el equilibrio. Uno, dos, tres,... el vértigo es mayor cuanto mayor es la altura, el riesgo y la inconsciencia... Los tacones me hacen tambalearme pero me creo segura y capaz de mantenerme en pie.

Aunque sé que voy a caerme. Sé que en algún momento me fallará la estabilidad y me derrumbaré de golpe, con un gran batacazo. A lo mejor venga precedido de un mal gesto, de una mala palabra, de otro mirada de indiferencia. O puede que sea una mero castigo impuesto por mí misma, otra manera de flagelarme buscando una dosis en un frasco vacío.

Tú me diste la llave. Y en el fondo no me preocupa hasta dónde llegaré a subir, ni desde qué peldaño caeré.

Si no, si tú estarás allí para cogerme.

sábado, 21 de febrero de 2009

El arte de decir que NO

El arte de decir que no
de forma natural,
la ciencia del perfecto adiós
tajante y sin dudar
El arte de la negación
de tanta utilidad,
para poder decir que no
sin freno y marcha atrás,
sin sentirme mal.
Mapa en mano, ratón en otra, te dispones a preparar un gran viaje. Calculas las rutas, sitúas los hospedajes, controlas los precios, eliges cada uno de los lugares que quieres visitar.
Te calzas las botas, la chaqueta y te llenas la mochila de miles de oportunidades y "por si acasos".
cruzas la puerta y te sientes segura, tienes cada paso calculado, es muy simple, muy sencillo, mientras sigas tus propias indicaciones.
Pero al llegar al primer cruce dudas que camino escoger, intentas mirar los apuntes que te has estado haciendo pero el tiempo apremia y divisas un tren que llega veloz. Ni tan siquiera te da tiempo a desplegar el mapa, subes directa al vagón sin saber cúal es el destino, cúan de largo será el recorrido, ni qué dirección habrá tomado.
¿Ahora qué?
Tantos preparativos, tanta dedicación, tanta pérdida de tiempo...
Pasan las horas y bajas del tren, cabizbaja, ni tan sólo eres capaz de valorar si te ha gustado el viaje, si te ha aportado algo, si el mareo del tren te ha merecido la pena...
¿Por qué has subido?
¿Cuántas veces te has hecho esa pregunta?
- Porque quería viajar, porque prometía llevarme lejos, porque quería sentirme libre y dejarme llevar...
Sentada en el suelo, encogida y abrazada por mis lágrimas, mi Doctora Jekyll me sermonea y me intenta hacer sentir culpable.
la razón me da tantas vueltas que acaba por hacerme perder el equilibrio. Los recuerdos se desglosan como un puzzle que recoloco mentalmente para recrearme aun más en mi locura, mi insensatez, mientras miss Hyde pretende enmarcar las imágenes del album incompleto de una vida incomprensible.
"Los demás no actúan así".- Repite en un vano eco mi Doctora. Pero Hyde grita más fuerte, y le subraya su propia fotografía: Inmóvil, la puerta cerrada, marioneta del momento, esclava del verdugo que mueve la ficha que come nada más sacar de casa, incapaz de tirar los dados... abrazada a la pila con la cabeza gacha, los ojos cerrados y la boca callada sin ser capaz de articular palabra.
Asertividad... que palabra tan complicada. Quizás debería escribirla en mi pizarra particular unas 100 veces...

viernes, 20 de febrero de 2009

Retorno a la charca

No me siento capaz de querer a nadie.
No creo que nadie se merezca tan poco.
Quiero volver a lo sencillo, lo cómodo, un caparazón que aisle mis sentimientos, mis pensamientos, mis ilusiones... Y, al igual que nadie pretende ver más allá, no mostrarlo nunca.
Aprender a disfrutar de lo material, lo físico, lo momentáneo; un intercambio frío pero sincero, donde cada uno pueda obtener lo que quiere sin esperar ni exigir nada a cambio.
Hablar menos, compartir menos, reflexionar menos... controlar más la situación.
Dar a los demás lo que buscan y volver a cerrar la puerta.
No sueñes, no te expongas, no muestres un ápice de cariño, de humildad, de sentimiento.
No cargues el arma para que te disparen.
No intentes ser, no te cobijes.
Deja de ser débil y sé fuerte por tí misma.
No aceptes la mano de nadie, no inventes príncipes que salvan a quienes no son princesas...