jueves, 15 de diciembre de 2011

Fin

Yo creé la manzana, y yo me la comí.
Pero no vino nadie a rozar mis labios.

Fue la ausencia la que me despertó a bofetadas.

Prefería dormir.
Soñar con ser la princesa de alguien, en algún castillo imaginario.
Imaginar una vida de lujos y riquezas,
las que siempre he anhelado...

Ahora que estoy despierta, volveré al bosque,
a saciar la sed del vacío.

Idiota,
no sueñes con banquetes de palacio
si eres alérgica a las perdices...


domingo, 2 de octubre de 2011

Fake pleasure...


Cerraré los ojos y buscaré tu imagen.
Imaginaré tus manos, dibujaré tu cuerpo.
Me morderé el labio, me morderé las ganas,
por sentir los tuyos, por encontrar tu lengua.

Dejaré caer un suspiro, para recordar los tuyos.
me esconderé en la humedad,
añorando el calor que encerrabas en tus piernas.

Me quedaré con los sueños,
con los que construí sobre el humo que me cegó ingenuamente.
Pero aquí dentro, no puedes soplar y destruirlos.
Aquí se quedan intactos y, aunque irreales,
yo me aferraré a ellos y los dibujaré una y mil veces en mi mente.
No me queda nada más.
Y aunque no sean ciertos, duelen menos.

Estoy cansada de querer más,
de volar al cielo, hoy sólo quiero
perderme un momento y que se haga eterno.
Ya no sé si son tus manos o las mías,
ya no sé si es la locura o el deseo.
Pero si no vas a cumplir mis sueños
déjame soñar, soñar, soñar...
y soñaré que te tengo.




sábado, 1 de octubre de 2011

Closed

Caja cerrada.
De golpe,
con sonido seco y hueco en su interior.
Se quedan dentro todas las palabras,
los sentimientos, las reflexiones,
los sueños construidos con el vaho de tu aliento,
de tu silencio.
efímeros,
que intenté dibujar en el aire de forma absurda
sin ver que se esfumaban ante mis ojos.
No te asomes por la mirilla para intentar descifrarlos,
tú los metiste dentro,
tú los encerraste.

Y yo no mataré nada.
Se quedarán ahí
resguardados, encogidos
temblando.
Esperando el día en que quieras abrirla
y dejarlos libres.

O muriendo en su interior,
lentamente y con el tiempo.
Tú tienes la llave,
quizás la uses, quizás la guardes,
quizás la tires...

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Negro sobre negro

Estaba tumbada a ras del suelo, notando el frío en sus lumbares y las formas que se dibujaban clavándose en su espalda.

Tenía los ojos fijos al cielo, casi sin parpadear, observando las estrellas tintineando y el haz de la luna en medio de aquella inmensidad.

No quería pensar, no quería recordar. Intentaba cerrar su mente y clavar sus pupilas en aquella oscuridad que le arropaba.

Sintió la humedad en las palmas de sus manos, acariciando el asfalto, vacías, incapaces de retener nada, huecas, reflejo de su soledad y de cómo había sido incapaz de conservarla a su lado.

El ritmo de su pecho era como una bomba de relojería que marcaba la cuenta atrás, como el reo que cuenta sus últimos pasos antes de sentarse en la silla eléctrica.

Sintió el calor de la luz aproximándose a cámara lenta, invadiendo al frío que le había estado cobijando.

Contuvo la respiración y apretó los puños con todas sus fuerzas, absurdo acto relejo.

Se apagó la luz.

Ya no hay más pensamientos.

Sólo el ruido de los frenos del tren que le llevó a su último destino.

lunes, 19 de septiembre de 2011

...



El día que te vayas, volveré al bosque.
Y en medio de tu vacío postraré mi capa.

Sobre ella, desnuda,
esperaré
a que los lobos vengan a devorarme.

martes, 23 de agosto de 2011

Érase una vez...

A penas pasaban de las 8 de la tarde pero las nubes tapaban el cielo con un tupido manto, que tan sólo dejaba escapar algunos ráfagas de claridad, de una luna redonda y brillante que comenzaba a asomarse tímida entre la oscuridad.

El frío cortaba la piel, pero su gruesa capa le protegía y escondía su rostro, dejando a la vista unos traviesos mechones negros y la luz de sus ojos grises.

En la cesta, llevaba sólo lo necesario, algunos dulces y las llaves para volver a casa. No llevaba mapas, ni direcciones, pues sabía que siempre acababa perdiéndose en aquella inmensidad de todas maneras.

Andaba despacio, procurando no atraer a ningún depredador hambriento, cuando la encontró en el suelo.

Era preciosa…

Tenía los cabellos oscuros, y los ojos color chocolate, aunque uno amenazaba con desprenderse de un momento a otro. La tela de su piel era clara, y tenía algún roto que dejaba ver el miraguano que asomaba de su interior. Su vestido estaba sucio y también hecho jirones y la sonrisa de su cara se estaba borrando aunque aún podía intuirse.

No pudo evitar estrujarla contra su pecho y sintió como se ensanchaba por dentro junto con el deseo de cuidarla y ayudarla.

Estiró la capa y se sentó en la humedad del bosque, y del bolsillo, saco un carrete de hilo negro para empezar a remendar los rotos que el tiempo y el frío habían dibujado en ella.

La miraba y no podía esconder el brillo de sus ojos propio de la felicidad de quien ha encontrado un tesoro. Y, aunque sabía que ni su hilo ni su trazo eran fuertes y volverían a descoserse en silencio, estaba dispuesta a remerdarlos las veces que hiciera falta.

Volvía a sentirse niña. Volvía a querer jugar como lo había hecho tantos años atrás con su muñeca preferida, tan parecida y distinta a la vez… quería llevarla a cada rincón del bosque y vivir mil aventuras. Subirse a los árboles, coger frutos silvestres, jugar hasta que los primeros rayos de sol indicaran la hora de volver a casa...

Disfrutaba con cada puntada que unía cada retal, y no derramaba ni una lágrima, si por equivocación, se pinchaba, sin querer, al calcular mal el trazo.

Aprendía a cada instante a su lado, y a la vez quería enseñarle un mundo de cosas que ni ella misma conocía. Y se sentía tan privilegiada…

A pesar de todo, era consciente, que aunque los duendes del bosque la hubieran puesto en su camino, no podía llevársela a casa, puesto que no era suya y debía respetar su libertad, aunque el momento de marcharse abrazada a la soledad, era el más triste del día. Luego, esperaba paciente el momento de poder escapar de nuevo al bosque y confiar en que siguiera allí escondida y poder compartir otro día a su lado.

Quizás, cuando ya no tenga ninguna brecha, decida volver con su antigua dueña, o tal vez, decida viajar en busca de otras niñas con las que jugar para aprender cosas nuevas.

Pero eso no le importaba.

Porque sabía que era afortunada por cada día que la encontraba en el bosque y podían jugar juntas. Porque todos esos momentos, ni el frío ni el tiempo podrían ya arrebatárselos, porque gracias a ella, había vuelto a ser niña, porque con cada puntada le había hecho sentirse grande, porque hay regalos que sólo en la oscuridad del bosque pueden encontrarse, y ninguna balanza podrá jamás medirlos ni cuantificarlos…

jueves, 11 de agosto de 2011

Firing words...

A veces pensamos que las palabras no son más que palabras, que se pueden escribir y borrar a nuestro antojo, que podemos tacharlas, olvidarlas, dejarlas escapar por un oído antes de que hayan llegado a instaurarse en nuestra cabeza.

Cuando tenía quince años, me dijeron algo que nunca olvidé: ¨Hay tres cosas que nunca dan marcha tras, las flechas, las palabras y las oportunidades perdidas”.

Lo que se nos olvida a veces es que unas palabras, no tachan otras. Aunque las digamos en voz alta o las gritemos con todas nuestras fuerzas, aquellas que dijimos seguirán viviendo en aquellas personas a las que se las regalamos.

Porque los sentimientos son como la materia, que ni se crea, ni se destruye, sólo se transforman. Y así pasan a formar parte de nosotros, de lo que fuimos, de lo que nos hizo crecer. Y nos ayudan a seguir creciendo, a guiar nuestros pasos en función de los caminos que vamos escogiendo, levantando piedras del camino para evitarnos caer en los mismos baches, ensanchándonos el corazón y haciéndonos más grandes.

Pero no desaparecerán, porque las palabras que dejamos caer en nuestro sendero, marcan la estela de cada paso que dimos, y fueron un regalo para cada persona que pudo escucharlas, y serán suyas para siempre, por mucho que se griten otras, por mucho que las escribamos en el cielo, aquellas privilegiadas que posamos en ellos, nunca podrán borrarse.

Y no hará falta recordarlas cada día al despertar, porque tan sólo con echar la vista atrás, y mirar dentro de uno mismo, podremos releer nuestro pequeño diario, sin arrancar las páginas, sin necesidad de quemarlas, porque cada capítulo es parte de nosotros, porque es necesario pasar las páginas y continuar escribiendo… más palabras, que no borrarán las otras.

martes, 2 de agosto de 2011

Shit always floats...

Qué diferente se oyen las palabras cuando se dicen en voz alta. Cuando tienes tantas imágenes, sensaciones, momentos, archivados en la habitación secreta bajo llave y de repente los dejas escapar y te arrasan, dejándote tirada y pisoteada en el suelo.

Ahora magullada y sangrando, ya no se te ve tan bonita… sino más bien como un producto defectuoso que nadie supo por qué salió mal de fábrica.

Y dan ganas de vomitarlo todo, de sacarlo fuera para ver si así desaparece, si consigo explicarme y consigo entenderme.

Siempre fue así, desde que tengo uso de razón.

Nunca creí en príncipes ni en caballos blancos. Si no más bien en una harley y una chupa de cuerpo. Y en vez de divisar el castillo penetré por callejones oscuros. Me puse la capa, y saqué las pózimas, pero las brujas nunca triunfan en los cuentos.

Nunca fui princesa, y mi espejo se encarga de recordármelo cada día.

No quieras venderme algo que ni tú misma comprarías…

domingo, 31 de julio de 2011

Apuff

Reorganizando los cajones de mi cabeza… voy abriendo y cerrando poco a poco por alturas, a veces de manera desordenada, recolocando cada cosa en su lugar, deshaciéndome de aquellas cosas que ahora me doy cuenta que no debía seguir guardando, haciendo limpieza de pensamientos, e intentando buscar un lugar para cada cosa.

Ahora me doy cuenta que los impulsos no siempre son buenos, que la calma y la reflexión nos ayudan mejor a ver las cosas claras y no ser insensatos.

De acuerdo, tomé el camino incorrecto y busqué el consuelo donde no debía, pero en verdad lo que necesitaba eran unos brazos y no estaban, así que me abracé a un dolor insípido y vacío que lo único que me propinó fue unas cuantas bofetadas.

Ahora ya está fuera del cajón. He podido rebuscar con tranquilidad entre los montones de palabras, y encontrar algo de racionalidad escondida, y ahora todo es más sencillo.

Relax, no merece la pena ahogarse en vasos de chupitos. Todo está ahí, en los cajones, y si cada cosa está su sitio, todo estará bien.

Respiro hondo y siento que vuelven algunas de las fuerzas que me habían abandonado, y la vitalidad me besa de nuevo.

No más lágrimas, no más dolor, al menos hasta que siga creyéndomelo…

sábado, 30 de julio de 2011

Trapecista de sentimientos


Te balanceas robando la seguridad y la inseguridad del aire.
Aprende a compensar tus bolsillos o volverás a caer, y esta vez, la red que te recogía esta rota y ya no amortiguará el golpe.
La música de la carpa sólo propicia tus nervios y acelera tus movimientos, cada vez más torpes e inestables.
No alargues la mano si sientes q te tambaleas, te olvidaste de coger el tiento para compensar el peso y no existen los fantamas q crees que te la agarrarán.

Nunca fuiste buen equilibrista y te vendaste los ojos, pero te es suficiente con escuchar la voz del otro extremo para saber cúal es el camino sin importar el destino.

Pero y si alguien te sopla en la nuca o desestabiliza tu cuerda? Empezaste a caminar sin pensar en las dificultades.
Te veo valiente, seguro de las inseguridades, seguro de las incertidumbres, seguro de querer emprender el camino a pesar de los riesgos. Te admiro, por dejarte soñar por una vez, por creer de nuevo, por no acobardarte ante el vacío, porque sabes, que aunque no llegues al otro extremo, habrá merecido la pena recorrer el camino aun sintiendo tanto miedo. Y si la cuerda se rompe? O mejor dicho, y si la cortan?
Sabes la respuesta. Sabes que la caida será más grande, y que no podrás levantarte, pero lo más increíble es que no te importa, lo tienes tan asumido, tan interiorizado, que aun con los huesos rotos, y quedándote en el suelo, alzarás la vista hacia el alambre, y seguirás esbozando una sonrisa por los instantes en los que te sentiste volar, mientras abandonas todo aquello en lo que creíste una vez, y que te salvó por momentos.


Trapecista de sentimientos,
de verdad crees que tu torpeza te aguantará más tiempo? Aunque te haga ilusión creer... Sabes que no lo mereces, nunca lo has merecido.

Ensaya las veces que quieras, pero tu lugar no está en las alturas...
Dulce ingenuidad... O aun no te has dado cuenta que los equilibristas nos llevan tacones...?

miércoles, 22 de junio de 2011

El ojo que todo lo ve


Hay quien se cree que por poder mirar a través de una ventana, pueden saber lo que ocurre dentro.

Hay quien abre una herida y piensa que por dejar pasar el tiempo, puede abrirla de nuevo a su antojo.

Gente ignorante que se cree muy lista.

Cree conocer a las personas y los sentimientos, cuando en realidad lo único que saben hacer es mirarse el ombligo, agachando la cabeza y fijando bien la mirada en ese agujero negro que les atraviesa las entrañas.

Que piensan que pueden descifrar las palabras y encontrar en las letras aquello que les gustaría ser o saber. Que se sienten aludidos en cada una de éstas líneas, como siempre…

Pero no pueden saber, ni aunque agudicen su mente y aumenten sus esfuerzos. Levantaron un muro translúcido que les permite ver apenas un poco de luz, pero desde mi lado, es opaco.

Haciendo un empático esfuerzo, intento descifrar lo retorcido de esta raza humana, esclava de las vidas ajenas, y averiguar el por qué, cuando ya nada importa, aparecen de entre las sombras…




martes, 14 de junio de 2011

El dolor que alivia el dolor


Tic-tac, tic-tac, tic-tac…

Lo oyes retumbar en tu cabeza y ya no sabes si son las manecillas del reloj que cuelga en la pared, tus latidos, o el constante goteo que se escurre entre tus manos.

Sientes su frío, su distancia, su maldad, que penetra en tu rabia, tu impotencia y tu dolor. Se han juntado en un vals infinito que no te permite conciliar el sueño, ni esta ni muchas otras noches. Te acaricia, suave, dejando tu piel áspera a su paso, besando cada milímetro despacio y de manera constante.

Te ayuda a olvidar, a cambiarlo por otro, por uno más fácil de ver, de sentir, de controlar en definitiva. Pero no hará que el real se vaya… aunque tu ingenuidad quiera creerlo.

Notas la sal en la comisura de tus labios.

¿Recuerdas cuando eras niña y en el cole te daban un punzón para hacer un dibujo en un papel sobre una almohadilla? A nadie le parecía peligroso seguir la línea de puntos.

Te sientes presa de la locura. Es más fácil creerte irracional. Pero tú misma construyes los barrotes que te separan del mundo real.

Te desnudas, te acaricias, pero en ellas no está el consuelo que ansías.

Te dibujas, aferrándote a ella pensando que puede succionarte todo sentimiento nocivo en vano. Y sus dibujos, te acompañan en la noche al compás de la canción que suena dentro.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac…

viernes, 10 de junio de 2011

Viuda negra

Un escalofrío la despertó antes que de costumbre. La luna todavía se escondía tímida entre los rayos del sol, y preparaba su nitidez para alumbrar la noche; algunas estrellas de carácter más travieso, ya dejaban ver su figura entre los tonos degradados del cielo.

Estaba hambrienta. Hacía tiempo que no salía de caza y se sentía algo desentrenada, pero era optimista y sabía que seguro, algo podría llevarse a los quelíceros esa fresca noche de primavera.

Parpadeó un par de veces hasta adaptarse a la oscuridad y comenzó a acicalarse para presentar sus mejores galas. Limpió y frotó bien su trasero para destacar bien su tono carmín, cual pintalabios sensual que a pesar de alertar del peligro, atraía a la vez a sus presas, que deseaban de manera incontrolable acariciar y probar su tacto.

Tímida y solitaria, comenzó a tejer su gruesa e irregular tela para tener la oportunidad de socializarse a través del placer y la autosatisfacción, y después dejó caer su cuerpo de manera sensual, colgando de un sedoso hilo, fingiendo estar inerte e indefensa…

Horas después sintió la presencia del macho acercándose. Entreabrió lentamente los ojos para juzgar a su compañero. Le doblaba en tamaño y en deseo, así que no sería complicado devorar aquel pequeño arácnido.

Dejó resbalar un suspiro, lo que tardó él en acercarse y quedarse atrapado en la pegajosa tela. Pero no le importaba, sabía que sus minutos de placer estaban contados, y que, a no ser que ocurriera un milagro, no podría contar su ansiada hazaña. Pero merecería la pena.

Ella se dejó caer y comenzó a rozar su cuerpo, incrementando el deseo y facilitando la copulación. Empezaron a moverse con fuerza, ella apresándole con su ocho patas, y él con los pocos gestos que le permitía su indefensa situación. Cuando se sintió llena, lo suficiente como para poder poner unas docenas de crías, empezó a sentir su forcejeo inútil bajo su abdomen. Apenas había cesado el placer cuando empezó el primer mordisco, juntando lívido y dolor, placer y resistencia.

Poco a poco sintió como su cuerpo se dejaba al destino, a la naturaleza de su especie, a la muerte…

Sus quelíceros empujaban lentamente cada miembro de su cuerpo hacia su boca, relamiendo cada articulación, cada extremidad, hasta que no quedó ni una migaja de su cuerpo.

Entonces, retocó su tela, comenzó a ascender en la oscuridad y se dejó caer de nuevo, inerte, esperando su próxima víctima ansiosa de placer…

martes, 22 de marzo de 2011

YO QUIERO QUE TE GUSTE


Llevaban horas sentados uno frente al otro, entrecerrando los ojos para forzar la vista cansada, y luchando contra el sudor que hacia resbalar sus gafas por la nariz. A pesar de la hebilla que le recogía el pelo, a ella se le escurrían traviesos unos mechones color canela por la cara, dándole un aspecto más tierno, y dejando vislumbrar en el brillo de sus ojos, la belleza de su juventud que no había podido retener tras las lentes.

Él se rascaba la cabeza en silencio, alborotando las canas que habían conseguido asirse en su desierta cabeza, en un profundo silencio fruto de la concentración propia de las tardes de domingo.

Por fin, había aparecido la pata del pájaro con un ápice de la rama que lo sujetaba. La pieza que faltaba para concluir el dichoso puzle en el que llevaban inmersos toda la tarde.

- Ves cariño, que bien lo hemos pasado esta tarde haciendo un puzle juntos, compartiendo el tiempo y disfrutando. A qué al final te ha gustado?

- No, preciosa. A mí no me gusta hacer puzles. Me parece aburrido y me deja la vista fatal. Prefiero jugar a la petanca o ver las noticias…

El color de sus mejillas empezó a enrojecerse, y sus ojos a entornarse hasta quedar completamente abiertos.

- Y entonces, por qué has hecho el puzle conmigo si no te gusta nada??

- Porque a ti te encanta hacer puzles, y a mí me encanta estar contigo y hacerte feliz.

Ella se levantó encolerizada a la velocidad que sus quebradas piernas le permitieron y antes de marcharse, sollozó con rabia:

- Pero es que yo quiero que te guste!