
Tengo agujeros en mi abrigo y se me caen las palabras por los bolsillos. El rastro que dejan se queda bajo las pisadas de los transeúntes y los neumáticos desgastados de los coches; y mientras tanto, yo me quedo vacía y sin estela...
No habría palabra correcta para escoger y dejarla caer en tu bolsillo. Ninguna que pesara tan poco como para no entorpecer tu camino. Que fuera capaz de describir en unas letras lo que no cabría en un libro. Que tuviera alguna utilidad, algún efecto. Que pudiera hacer con su magia lo que yo no puedo sin tenerla...
Quizás se escape entre los rotos de tu chaqueta.
Ojalá pudiera posarse una urraca en mi cabeza, hacerme diminuta para esconderme en ella y remendarlos con el hilo que tejió tantos momentos a tu lado.
