
La verdad es que en estos 2 años y medio me ha dado mucho que pensar esta frase… quizás debido a la numerosa cantidad de veces que puedo haber llegado a repetirla en un mismo día.
En el fondo el tema de la buena atención se convierte en un doble efecto boomerang, ya que cada vez que vas a un sitio y el dependiente te mira con cara de asco, como si tu presencia le fuera un estorbo y encima te estuviera haciendo un favor por dirigirte la palabra y perdonándote la vida por atenderte, te hace replantear tu propia forma de relacionarte con el público y con la raza humana en general.
El servicio legendario. Conectar, descubrir y responder.
El poder de una simple sonrisa, la capacidad de cambiarle el día a alguien por tener una buena palabra, un gesto agradable, ¿será eso realmente posible? A veces las personas necesitamos desconectar tanto de nuestros problemas que un simple desconocido puede hacer virar nuestro humor de manera inesperada.
Quizás esta secta me haya lavado el cerebro, pero la verdad es que tras mostrar los dientes unas 200 veces en un mismo día, al final te es inevitable dejarla fija de forma natural. Es una lástima que a veces no sepamos mantenerla.
También me ha hecho reflexionar sobre la mala educación general, parece que el “gracias” y “por favor” asimismo están en crisis y escasean diariamente, (ni que nombrar a los menores de 20 que probablemente todavía no han incluido esas palabras en su vocabulario). La gente exige, escupe sus palabras y les cuesta agradecer un buen servicio. No saludan, no se despiden y están predispuestos a quejarse si no encuentran cada cosa como esperaban encontrarla.
Me hace gracia que los de arriba nos traten como superhéroes cuya misión planetaria es conseguir la absoluta confortabilidad y crear una estupenda experiencia de cada persona en su paso por la tienda. ¡Deberían cambiarnos la capa por un delantal!
Es como todo, por todos aquellos que vuelven y que devuelven la sonrisa, el agradecimiento y tienen una buena palabra cada día, merece la pena seguir enseñando los dientes y conocer gente nueva.
No puedo calcular cuantas horas habré pasado tras esa barra, pero a pesar de las piernas cansadas, los malos horarios, las horas de sueño perdidas, he de reconocer que esa barra me ha visto cantar, bailar, rociarme de nata y untarme de chocolate, vestirme de fallera, celebrar una boda con velo de papel, tener un duelo de vaqueros con productos de limpieza y hacer batallas con pepitas de chocolate.
Mirándolo así, es normal que este lugar enganche… :)
Que tengas un buen día!


