domingo, 10 de mayo de 2009

IRA

Cuenta la leyenda que en tiempos de guerra y conflictos religiosos entre moros y cristianos, la hija pequeña de Ahmed llamada Ira, se enamoró de un joven y luchador cristiano, jurándose amor eterno cada noche, en lo alto del cabo bajo los ojos intensos de la luna y la luz tenue de las estrellas que les guardaban el secreto.
Agudizada la guerra, y no pudiendo vivir tal amor por más tiempo escondidos, el joven pidió en matrimonio a la pequeña Ira, proponiéndole encontrarse allí mismo al atardecer, bajo la mirada de todos las luces tintineantes y sobre el inmenso mar que había conocido su tan profunda historia de amor.
Teniendo todo preparado, explicó el joven que ella aguardara tras la torre escondida, que él conseguiría sortear los ejércitos y reunirse con ella al esconderse el sol.



Llegó la noche, y la preciosa ira, aguardaba con su deslumbrante vestido, reluciente, la más hermosa mora que jamás nadie habría visto, nerviosa pero ansiosa por poder escapar de tal lugar para vivir su amor en libertad.
El joven comenzó a subir, a escondidas, despacio, intentando no ser visto por ningún soldado, mientras la pequeña Ira se iba impacientando al ir entrando la noche y no encontrarlo.
Un ruido, unos pasos. Ira sobresaltada piensa que su amor ya ha llegado. Cuál es su desdicha al ver que es su fiel doncella, que aparece exhausta para confesarle que su temido padre es conocedor de su secreto y ha mandado matar a su amante, aumentando la guardia, inclusive en la torre de vigía que se erguía sobre el cabo.
Ira, asustada, mandó a su doncella a la torre para distraer al vigía, y corrió a buscar a su amado para advertirle del peligro que estaban corriendo.



Cual fue su mala fortuna que, al divisarlo y con tan ansia de desear abrazarlo, tropezó cayendo al suelo y formando un gran estruendo en la calmada noche. Cuando consiguió estabilizarse, fue a levantar la cabeza al tiempo que escucho un disparo en la densa oscuridad. Oyó su voz, en un quejido, y el silencio reinó de nuevo la noche.
Sus nervios se tornaron en histeria, su amor en rabia, su tristeza en dolor y su sonrisa en lágrimas.
No lo dudó ni un momento, corrió hacia la cima, y allí, frente a los ojos de su doncella, del centinela, de la luna y las estrellas, saltó sin miedo, jurando su amor eterno, mientras el mar abría sus brazos para acogerla en un eterno abrazo que calmó al fin su llanto.
Desde entonces la punta del cabo recibe el nombre de “El salto de la novia” y el pueblo se bautizó con su nombre honrando a dicha mora. Moraira.






Nosotras no somos Moras, ni vamos a saltar de un lugar que tenga más de 0.5m de altura… pero disfrutamos de sus vistas, su mar, su sol, sus noches, y nos encanta encontrarla cada vez tan llena de vida, regalándonos sus parajes y sus momentos, abrazándonos con ternura y compartiendo su brisa con nosotras.

En fín… una imagen vale más que mil palabras… aquí dejo la nuestra.



Y, para fundar definitivamente un nuevo estilo urbano,
proclamo el inicio de los gothic-hoter-spanish culture.
Aquí dejo mi banda sonora…no tiene pérdida... jajajaja.

2 comentarios:

  1. Bueno, creo que algunas te van a matar...lo sabes. A mi me parece una iniciativa encantadora y perfecta para recaudar pasta para mi peluquero. He dejado mi comentario y pienso dejar alguna entrada...pero esto mejor...en secreto. Malena es una "petarda",creo que hay consenso. Esa no es nuestra canción. Esa mejor, en nuestro espacio. Besos.
    (Me gusta más la actitud tras el recuento).Kss

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  2. Anita..... te quiero.... matar!

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