Hoy me siento nostálgica, triste.
Como si se hubieran derrumbado los pilares que me sostenían.
Echo de menos tántas cosas de mi vida… algunas lejanas y otras, pequeñas cosas que hasta hace poco eran cotidianas y se han esfumado con la rapidez que se expulsa el humo de un cigarro alejándose de los labios.
Desprotegida. La unidad que me envolvía se ha ido quebrando poco a poco con los años, como un pequeño puzzle del que han ido perdiendo las piezas, y ahora cuesta ver el dibujo que formaban todas juntas. Añoro la vida que se revestía de voces, caras y risas. Las comidas abundantes, más en personas que en otras cosas; las conversaciones, las discusiones, el tener siempre a alguien a mano, compartir espacios, momentos… la sensación constante de los brazos que te arropan a distancia, los lazos fuertes que jamás pensé que nadie podía deshacer, dejando caer todo lo que ataban… la aparente despreocupación ha avanzado como una niebla espesa, y cada cual ha cogido su pieza del puzzle y la ha guardado en su bolsillo, a buen recaudo, pensando que de ese modo estará protegida… No se dan cuenta de que si nos las juntas todas, no sirve de nada, como si no existieran.
Vacía. Me bajé del tren en el que viajaba mi ilusión y ahora no sé en que lugar se encuentra. Antes me emocionaba con las pequeñas cosas, me ilusionaba, disfrutaba de los momentos, de las compañías, de las sensaciones. Ahora la apatía se ha apoderado de mí, y nada es lo suficientemente bueno como para ser aceptable.
Sola. Sin los lazos que me sujetaban se abre un gran vació extraño en el que no me atrevo a penetrar. Me vuelvo incoherente, como un ión negativo que busca la carga opuesta pero a la vez la repele.
Atestada de recuerdos, imágenes, palabras… intentado retenerlos de manera ingenua como quien intenta asir entre sus manos el reflejo de su imagen en el agua.
Siempre han estado ahí, en un incesante tío-vivo en mi cabeza, haciéndome sentir mayor a ratos, y muy pequeña en otros… Quizás por eso busque cobijo en otros brazos, a lo mejor por eso le di tanta importancia a la unidad en otros círculos, otorgándoles incluso prioridad, anteponiéndolo ante todo.
Como si se hubieran derrumbado los pilares que me sostenían.
Echo de menos tántas cosas de mi vida… algunas lejanas y otras, pequeñas cosas que hasta hace poco eran cotidianas y se han esfumado con la rapidez que se expulsa el humo de un cigarro alejándose de los labios.
Desprotegida. La unidad que me envolvía se ha ido quebrando poco a poco con los años, como un pequeño puzzle del que han ido perdiendo las piezas, y ahora cuesta ver el dibujo que formaban todas juntas. Añoro la vida que se revestía de voces, caras y risas. Las comidas abundantes, más en personas que en otras cosas; las conversaciones, las discusiones, el tener siempre a alguien a mano, compartir espacios, momentos… la sensación constante de los brazos que te arropan a distancia, los lazos fuertes que jamás pensé que nadie podía deshacer, dejando caer todo lo que ataban… la aparente despreocupación ha avanzado como una niebla espesa, y cada cual ha cogido su pieza del puzzle y la ha guardado en su bolsillo, a buen recaudo, pensando que de ese modo estará protegida… No se dan cuenta de que si nos las juntas todas, no sirve de nada, como si no existieran.
Vacía. Me bajé del tren en el que viajaba mi ilusión y ahora no sé en que lugar se encuentra. Antes me emocionaba con las pequeñas cosas, me ilusionaba, disfrutaba de los momentos, de las compañías, de las sensaciones. Ahora la apatía se ha apoderado de mí, y nada es lo suficientemente bueno como para ser aceptable.
Sola. Sin los lazos que me sujetaban se abre un gran vació extraño en el que no me atrevo a penetrar. Me vuelvo incoherente, como un ión negativo que busca la carga opuesta pero a la vez la repele.
Atestada de recuerdos, imágenes, palabras… intentado retenerlos de manera ingenua como quien intenta asir entre sus manos el reflejo de su imagen en el agua.
Siempre han estado ahí, en un incesante tío-vivo en mi cabeza, haciéndome sentir mayor a ratos, y muy pequeña en otros… Quizás por eso busque cobijo en otros brazos, a lo mejor por eso le di tanta importancia a la unidad en otros círculos, otorgándoles incluso prioridad, anteponiéndolo ante todo.
Reclamo de caricias, de abrazos, de miradas... que han huído buscando otros cuerpos en los que refugiarse. Si existiera un puesto donde comprarlos vaciaría mis bolsillos en este mismo instante. Así no sentiría tanto frío cada noche.
Parece que estamos en época de movimientos sísmicos, y las relaciones se desmenuzan al antojo de quien exhala un soplido sobre una pirámide de naipes. Si el suelo se quiebra del todo, me pregunto si quedará alguien en mi mismo lado…


