lunes, 23 de marzo de 2009

La aguja de mi rueca

A veces hay sentimientos que no logro entender, así que puedo pasarme días enteros dándole vueltas a la cabeza hasta que consigo descifrarlo, para poder así, solucionarlos o superarlos.


Últimamente he tenido una regresión a sentimientos que no recordaba, porque fueron vividos hace mucho tiempo. En él me venía el olor a los cipreses, la tierra mojada, la piedra fría, la mirada de una pequeña virgen helada, las pisadas y el griterío de cientos de niños y niñas revestidos de color marino.


La ingenuidad de la infancia puede llegar a ser cruel.


Pensé entonces en las referencias infantiles, y con ellas en Maléfica, la eterna malvada juzgada bajo la mirada de todos. Sinietra, rencorosa y vengativa. Pero... cómo te hubieras sentido tú si fueras la única persona no invitada a una fiesta? escuchando las risas, la música, e incluso tu ausencia, que no deja rastro, que si quiera es advertida por nadie.


Yo no voy a clavar agujas, ni lanzar maldiciones. No quiero que nadie duerma cien años. No esperando un príncipe azul o una princesa morada.


Quiero estar en la fiesta, quiero notar el calor, la luz, el color. Volver a sentirme arropada, aceptada, querida...


Me pregunto si los anfitriones se habrán parado a pensar lo que pueden hacer llegar sentir a aquellos que han decidido eliminar de su lista de invitados, al privarles de repente y sin explicación alguna, de todo lo que formaban parte. Dejándolos sólos, mirando desde la ventana, en silencio, cada instante que pasó de lo vital y cotidiano, al otro lado del cristal.


Yo no voy a afilar tu rueca.


Ya me pincharé yo con ella. Quizás así consiga dormir 100 años...

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