miércoles, 22 de junio de 2011

El ojo que todo lo ve


Hay quien se cree que por poder mirar a través de una ventana, pueden saber lo que ocurre dentro.

Hay quien abre una herida y piensa que por dejar pasar el tiempo, puede abrirla de nuevo a su antojo.

Gente ignorante que se cree muy lista.

Cree conocer a las personas y los sentimientos, cuando en realidad lo único que saben hacer es mirarse el ombligo, agachando la cabeza y fijando bien la mirada en ese agujero negro que les atraviesa las entrañas.

Que piensan que pueden descifrar las palabras y encontrar en las letras aquello que les gustaría ser o saber. Que se sienten aludidos en cada una de éstas líneas, como siempre…

Pero no pueden saber, ni aunque agudicen su mente y aumenten sus esfuerzos. Levantaron un muro translúcido que les permite ver apenas un poco de luz, pero desde mi lado, es opaco.

Haciendo un empático esfuerzo, intento descifrar lo retorcido de esta raza humana, esclava de las vidas ajenas, y averiguar el por qué, cuando ya nada importa, aparecen de entre las sombras…




martes, 14 de junio de 2011

El dolor que alivia el dolor


Tic-tac, tic-tac, tic-tac…

Lo oyes retumbar en tu cabeza y ya no sabes si son las manecillas del reloj que cuelga en la pared, tus latidos, o el constante goteo que se escurre entre tus manos.

Sientes su frío, su distancia, su maldad, que penetra en tu rabia, tu impotencia y tu dolor. Se han juntado en un vals infinito que no te permite conciliar el sueño, ni esta ni muchas otras noches. Te acaricia, suave, dejando tu piel áspera a su paso, besando cada milímetro despacio y de manera constante.

Te ayuda a olvidar, a cambiarlo por otro, por uno más fácil de ver, de sentir, de controlar en definitiva. Pero no hará que el real se vaya… aunque tu ingenuidad quiera creerlo.

Notas la sal en la comisura de tus labios.

¿Recuerdas cuando eras niña y en el cole te daban un punzón para hacer un dibujo en un papel sobre una almohadilla? A nadie le parecía peligroso seguir la línea de puntos.

Te sientes presa de la locura. Es más fácil creerte irracional. Pero tú misma construyes los barrotes que te separan del mundo real.

Te desnudas, te acaricias, pero en ellas no está el consuelo que ansías.

Te dibujas, aferrándote a ella pensando que puede succionarte todo sentimiento nocivo en vano. Y sus dibujos, te acompañan en la noche al compás de la canción que suena dentro.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac…

viernes, 10 de junio de 2011

Viuda negra

Un escalofrío la despertó antes que de costumbre. La luna todavía se escondía tímida entre los rayos del sol, y preparaba su nitidez para alumbrar la noche; algunas estrellas de carácter más travieso, ya dejaban ver su figura entre los tonos degradados del cielo.

Estaba hambrienta. Hacía tiempo que no salía de caza y se sentía algo desentrenada, pero era optimista y sabía que seguro, algo podría llevarse a los quelíceros esa fresca noche de primavera.

Parpadeó un par de veces hasta adaptarse a la oscuridad y comenzó a acicalarse para presentar sus mejores galas. Limpió y frotó bien su trasero para destacar bien su tono carmín, cual pintalabios sensual que a pesar de alertar del peligro, atraía a la vez a sus presas, que deseaban de manera incontrolable acariciar y probar su tacto.

Tímida y solitaria, comenzó a tejer su gruesa e irregular tela para tener la oportunidad de socializarse a través del placer y la autosatisfacción, y después dejó caer su cuerpo de manera sensual, colgando de un sedoso hilo, fingiendo estar inerte e indefensa…

Horas después sintió la presencia del macho acercándose. Entreabrió lentamente los ojos para juzgar a su compañero. Le doblaba en tamaño y en deseo, así que no sería complicado devorar aquel pequeño arácnido.

Dejó resbalar un suspiro, lo que tardó él en acercarse y quedarse atrapado en la pegajosa tela. Pero no le importaba, sabía que sus minutos de placer estaban contados, y que, a no ser que ocurriera un milagro, no podría contar su ansiada hazaña. Pero merecería la pena.

Ella se dejó caer y comenzó a rozar su cuerpo, incrementando el deseo y facilitando la copulación. Empezaron a moverse con fuerza, ella apresándole con su ocho patas, y él con los pocos gestos que le permitía su indefensa situación. Cuando se sintió llena, lo suficiente como para poder poner unas docenas de crías, empezó a sentir su forcejeo inútil bajo su abdomen. Apenas había cesado el placer cuando empezó el primer mordisco, juntando lívido y dolor, placer y resistencia.

Poco a poco sintió como su cuerpo se dejaba al destino, a la naturaleza de su especie, a la muerte…

Sus quelíceros empujaban lentamente cada miembro de su cuerpo hacia su boca, relamiendo cada articulación, cada extremidad, hasta que no quedó ni una migaja de su cuerpo.

Entonces, retocó su tela, comenzó a ascender en la oscuridad y se dejó caer de nuevo, inerte, esperando su próxima víctima ansiosa de placer…