viernes, 10 de junio de 2011

Viuda negra

Un escalofrío la despertó antes que de costumbre. La luna todavía se escondía tímida entre los rayos del sol, y preparaba su nitidez para alumbrar la noche; algunas estrellas de carácter más travieso, ya dejaban ver su figura entre los tonos degradados del cielo.

Estaba hambrienta. Hacía tiempo que no salía de caza y se sentía algo desentrenada, pero era optimista y sabía que seguro, algo podría llevarse a los quelíceros esa fresca noche de primavera.

Parpadeó un par de veces hasta adaptarse a la oscuridad y comenzó a acicalarse para presentar sus mejores galas. Limpió y frotó bien su trasero para destacar bien su tono carmín, cual pintalabios sensual que a pesar de alertar del peligro, atraía a la vez a sus presas, que deseaban de manera incontrolable acariciar y probar su tacto.

Tímida y solitaria, comenzó a tejer su gruesa e irregular tela para tener la oportunidad de socializarse a través del placer y la autosatisfacción, y después dejó caer su cuerpo de manera sensual, colgando de un sedoso hilo, fingiendo estar inerte e indefensa…

Horas después sintió la presencia del macho acercándose. Entreabrió lentamente los ojos para juzgar a su compañero. Le doblaba en tamaño y en deseo, así que no sería complicado devorar aquel pequeño arácnido.

Dejó resbalar un suspiro, lo que tardó él en acercarse y quedarse atrapado en la pegajosa tela. Pero no le importaba, sabía que sus minutos de placer estaban contados, y que, a no ser que ocurriera un milagro, no podría contar su ansiada hazaña. Pero merecería la pena.

Ella se dejó caer y comenzó a rozar su cuerpo, incrementando el deseo y facilitando la copulación. Empezaron a moverse con fuerza, ella apresándole con su ocho patas, y él con los pocos gestos que le permitía su indefensa situación. Cuando se sintió llena, lo suficiente como para poder poner unas docenas de crías, empezó a sentir su forcejeo inútil bajo su abdomen. Apenas había cesado el placer cuando empezó el primer mordisco, juntando lívido y dolor, placer y resistencia.

Poco a poco sintió como su cuerpo se dejaba al destino, a la naturaleza de su especie, a la muerte…

Sus quelíceros empujaban lentamente cada miembro de su cuerpo hacia su boca, relamiendo cada articulación, cada extremidad, hasta que no quedó ni una migaja de su cuerpo.

Entonces, retocó su tela, comenzó a ascender en la oscuridad y se dejó caer de nuevo, inerte, esperando su próxima víctima ansiosa de placer…

1 comentario:

  1. Increibe la forma de meterse en la "piel" de la victima; esperemos que por lo menos la pobre viuda, quede satisfecha jejejeje

    No en serio, me gusta el relato (intento ponerle nombres a los personajes pero nada) espero no encontrarme con ninguna viuda de estas uffff :)

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