miércoles, 21 de septiembre de 2011

Negro sobre negro

Estaba tumbada a ras del suelo, notando el frío en sus lumbares y las formas que se dibujaban clavándose en su espalda.

Tenía los ojos fijos al cielo, casi sin parpadear, observando las estrellas tintineando y el haz de la luna en medio de aquella inmensidad.

No quería pensar, no quería recordar. Intentaba cerrar su mente y clavar sus pupilas en aquella oscuridad que le arropaba.

Sintió la humedad en las palmas de sus manos, acariciando el asfalto, vacías, incapaces de retener nada, huecas, reflejo de su soledad y de cómo había sido incapaz de conservarla a su lado.

El ritmo de su pecho era como una bomba de relojería que marcaba la cuenta atrás, como el reo que cuenta sus últimos pasos antes de sentarse en la silla eléctrica.

Sintió el calor de la luz aproximándose a cámara lenta, invadiendo al frío que le había estado cobijando.

Contuvo la respiración y apretó los puños con todas sus fuerzas, absurdo acto relejo.

Se apagó la luz.

Ya no hay más pensamientos.

Sólo el ruido de los frenos del tren que le llevó a su último destino.

lunes, 19 de septiembre de 2011

...



El día que te vayas, volveré al bosque.
Y en medio de tu vacío postraré mi capa.

Sobre ella, desnuda,
esperaré
a que los lobos vengan a devorarme.