O eso dicen. Y en vista de la suerte que he tenido pegada a
mis talones durante un par de años, creo
que es justo que por fín me toque uno bueno.
Época de cambios, de crecimiento personal, conocerse a uno
mismo y hacer limpieza en los cajones de
nuestro interior para eliminar todo aquello que nos hace daño, nos perjudica y
nos impide avanzar y ser más grandes.
Coger la escoba para barrer todas aquellas cosas que nos dan
dolor de cabeza, y quedarnos con aquello que nos hace reír, disfrutar y
emocionarnos; con las personas que nos valoran y nos ayudan a seguir adelante,
y no a chafarnos la cabeza para que nos quedemos mirando el suelo y la punta de
nuestros zapatos.
Es hora de sentirse bonita, de creerse capaz, de emprender
nuevos retos, nuevos sueños, y dejar que el viento empuje las alas para ver con
qué lugar puede sorprendernos.
Un bueno momento para descubrirse, quererse y mimarse como
si fuéramos nuestro mejor amante. Probar sin miedo, reírse de uno mismo,
arriesgarse…
Será el umbral que me acecha y que no puedo frenar, que me
hace plantearme cosas nuevas, y abrir los ojos un poco más para poder mirar la
vida desde un prima nuevo, más amplio y lleno de posibilidades.
Después de todo, prefiero quedarme con la bruja hermosa,
(aunque no sea la más hermosa), que con la anciana de verruga en la nariz y
oscuras intenciones.
Y mientras tanto, me beberé mi juventud, como si de una copa
de vino se tratase, de los que endulzan los labios, pero dejan un amargo
recuerdo a su paso por la garganta…
a vuestra salud.


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